Empresa, Gestión

¿Qué puede esperar un empresario de su asesor?

Foto: jmrufo
Foto: jmrufo

Hace unas semanas, en una charla en la que participé, surgió el tema de lo que puede esperar un empresario de su asesor. Partiendo de la base de que la mayoría de las pequeñas empresas tienen externalizada la gestión contable, fiscal y laboral se planteaba cómo definir la relación entre la empresa y quien le presta ese servicio.

Mi respuesta fue clara, lo que uno puede esperar de ese servicio estará en función de cómo se quiera utilizar, de la exigencia que la empresa tenga hacia quién le presta el servicio y del aprovechamiento que se quiera dar a esa relación.


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Los tipos de relaciones entre empresas y asesores

En lo que respecta a la relación entre las empresas y sus asesores yo identifico tres grandes grupos. El primero es el que ve ese servicio como un mal necesario, un gasto que hay que soportar por las obligaciones que la administración impone y porque sale más barato contratarlo fuera que tener personal interno que haga ese trabajo.

En estos casos la empresa ve al asesor como un administrativo que se ocupa de evitarle problemas, al que no se le facilita el trabajo y sólo se le da la información estrictamente necesaria para que cumpla su cometido. Si hay problemas se le echa la culpa de todo y no se aprovecha nunca ni para obtener información ni para la toma de decisiones.

El segundo grupo tiene una relación algo más estrecha. Aparentemente los empresarios tienen un mayor control de su negocio y por ello requieren un servicio más profesional, que va más allá del mero tramitador. Cuando tienen dudas consultan cuál es la mejor forma de hacer las cosas, pero en muchos casos sólo para oir lo que les interesa. Si se plantea una situación “delicada” se pregunta antes de actuar, pero la decisión ya está tomada de antemano y sólo se pretende que el asesor le de cobertura legal y les evite problemas posteriores, aunque eso sea imposible.

El tercer grupo, y desgraciadamente el menos numeroso, es el que busca un servicio integral. La parte administrativa es la menos importante porque recurren a este servicio como apoyo en su actividad. Dan facilidades para que ese servicio sea el mejor posible y facilitan toda la información necesaria para que la ayuda sea la adecuada. Se establece una relación de confianza e incluso se considera al asesor como parte de la empresa.


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Cada grupo aprovecha el servicio de manera diferente

Por supuesto el grado de aprovechamiento de los servicios del asesor es diferente en función del tipo de relación que se establece. El primer tipo busca pagar lo menos posible, no valora ni la información que el asesor le puede proporcionar ni los servicios que éste le puede ofrecer para mejorar su negocio. La exigencia es mínima y sólo se valora en función de que el servicio sea más caro o más barato y de que no surjan dificultades.

Los del segundo tipo demandan más información, aunque no siempre la aprovechan. A veces prefieren hacer más caso a lo que oyen en el bar o lo que les cuenta un colega que ha oido que se puede hacer esto y lo otro que al consejo profesional y ni siquiera reconocen ese trabajo cuando vienen los problemas, aunque se les haya advertido previamente que esa decisión era equivocada. Lógicamente los del tercer grupo sí pueden aprovechar todo el potencial de un servicio profesional.

Lo que puede esperar una empresa de su asesor está en función del tipo de relación que se establezca. Lógicamente los del tercer grupo son los que mejor pueden valorar el servicio y determinar si está a la altura de lo esperado o de lo que se necesita. Son los que pueden establecer el mayor grado de exigencia, los que ven lo que pagan como una inversión porque están cubriendo las parcelas del negocio que no tienen dentro de su organización y con ello el negocio se ve beneficiado.


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