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Las sociedades civiles. Cuando el derecho mercantil y el tributario se separan

Hacienda

El cambio en el tratamiento fiscal de las sociedades civiles que entró en vigor en 2016 supone una curiosa situación en este tipo de sociedades, ya que el tratamiento legal de las mismas es completamente diferente desde el punto de vista mercantil con respecto al tributario.

Desde siempre las sociedades civiles son entidades sin personalidad jurídica propia. Dos o más autónomos se juntan para realizar una actividad en común, se constituyen como sociedad en un contrato privado y realizan sus operaciones a través de dicha sociedad, pero ellos mismos son responsables ilimitados de dicha actividad.

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El hecho de que desde el 1 de enero de 2016 las sociedades civiles estén obligadas a presentar el Impuesto de Sociedades, en lugar de tributar los socios en atribución de rentas, es algo más que el cambio de sistema de tributación. Para Hacienda las Sociedades Civiles pasan a ser entidades con personalidad jurídica propia y su funcionamiento, desde el punto de vista tributario, se asimila al de cualquier sociedad de capital.

¿Qué implica ésto? En primer lugar estas sociedades pierden la capacidad de aplicar determinados regímenes especiales, por ejemplo la tributación por módulos o el recargo de equivalencia (consulta vinculante V1698-17).

Por otra parte las sociedades civiles deberán cumplir con las normas contables exigidas a las entidades obligadas a presentar el IS. Eso supone que legalmente no hay obligación de llevar una contabilidad normalizada, como si fuera una sociedad mercantil, pero Hacienda puede exigir en el transcurso de un procedimiento tributario la presentación de una serie de documentos (balance, etc.) que solo pueden confeccionarse mediante la llevanza de una contabilidad completa.

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Pero lo más llamativo nos lo encontramos con el régimen de responsabilidad de los socios. Se mantiene el hecho de que los socios son responsables de las deudas de la sociedad, pero en el momento en que Hacienda considera que la entidad tiene personalidad jurídica propia, la responsabilidad de los socios por las deudas tributarias pasa a ser subsidiaria. Por tanto solo se podrá exigir a los socios el pago de las deudas con Hacienda en el caso de que haya una declaración de insolvencia de la sociedad.

Con estos cambios se hace más que evidente la contradicción en el tratamiento de las sociedades civiles por parte de los distintos ámbitos legales que intervienen en su gestión. Es una situación extaña y poco deseable que los legisladores o no han considerado o consideran poco relevante, pero que puede ocasionar más de un problema.

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